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Se trataba de un extraño no-encuentro en tiempos de pandemia. Los congregados eran más de los esperados. Emanaban, de un lado y otro, con perturbadora simpatía. No había espacio para las resonancias de la decrepitud televisada. Además, nuestra lingua franca era no tenerla, un desquiciamiento sostenido meticulosamente en medio de la fiesta ciudadana. No logro recordar cómo llegué, pero sí cómo esquivaba baratijas ostentando la imaginaría extraterrestre, entre charcos testigos de ominosas guerras químicas. 


@arturo.cariceo