Consideraciones en forma de pre-texto

por Fernando Castro Flórez



Replegados en la cuarentena, des-movilizados por la pandemia del covid19, hemos tenido que aprender a vivir juntos de otra manera. Puede que algunos hasta sientan nostalgia o necesidad de eso sitio que Rem Koolhaas calificara como “espacio basura” (fruto del encuentro entre la escalera mecánica y el aire acondicionado en la incubadora de Pladur), ese territorio artificial que corresponde a la lógica del más es más. Hemos escuchado hasta la saciedad discursos que balbucean ante el horizonte que califican de “vuelta a la normalidad”, usándose de forma extremadamente confusa el término desescalada cuando acaso solamente se esté alegorizando un batacazo tremendo o, peor, una incapacidad para empezar a afrontar lo que nos pasa. La ceguera frente a un planeta inequívocamente enfermo, paralizado por lo vírico (hechizado desde hace tiempo por la “viralización” de lo insustancial) no es meramente manifestación sintomática de un deseo de no saber (una suerte de sublimación de lo peor) sino que nuestro velamiento del colapso del Capitaloceno es una consecuencia de la incapacidad para pensar lo común.


Hace tiempo que estamos en el búnker o en la cripta, donde podríamos encontrar más que una alegoría o materialización de la libertad, una indecisión o, para ser más (psico)físico, una claustrofobia intolerable. Virilio ha apuntado que, en época de globalización, todo se juega entre dos temas que son, también, dos términos: forclusión (Verwefung: rechazo, denegación) y exclusión o locked-in syndrom. Otra alternativa es cavar una madriguera, un lugar en el que estar cobijado y, sin embargo, expuesto. El confinamiento pandémico ha convertido a los balcones y a las ventanas en los espacios fundamentales de la “expresión pública” (los aplausos ritualizados de agradecimiento a las “cadenas de cuidados” o la expresión del desacuerdo político en forma de charivari-cacerolada) pero también puede que haya generado una singular idiorritmia (en el anómalo “monacato” global) que, como propusiera Roland Barthes, podría llevarnos a pensar en la necesidad de reinventar la delicadeza.


El sociólogo David Riesman, en 1950, se quejó en su famoso libro La muchedumbre solitaria de que en el mundo moderno cada persona se había convertido en un operador de radar de su propia vida. En el siglo XXI se ha amplificado el desasosiego en el seno de un mundo ligeramente paranoide dominado por la mutua sospecha, el engaño recíproco y la desconfianza generalizada. Según un ensayo de 1907 de Freud la obsesión es la repetición compulsiva de un ritual que no cumple con su objetivo. No dejamos de sentir, en la configuración de la sociedad, el temor a estar en contacto con el cuerpo que es siempre el cuerpo del otro, porque el propio cuerpo es otro en relación al yo interior. "Para que la masa conserve su cohesión -escribió Freud- es preciso que alguna fuerza la mantenga, y ¿qué otra fuerza podría serlo si no Eros, que asegura la unidad y la cohesión de todo lo que existe en el mundo?". Las impresiones inquietantes de ciertos procesos del arte contemporáneo tienen algo "trampas visuales" que funcionan como espejos deformantes, sedimentos en los que la identidad está alterada, pieles (materializaciones de la idea de Perniola del sujeto como una "vestidura extraña") que friccionan contra la superficie artística para transmitir un tono sombrío.


Tenemos claro que el "poder pastoral" no nos lleva a ninguna parte o, para ser menos impreciso, encamina a todos los "sujetos endeudados" al abismo en el que nada se puede saldar. Hay que ir, más allá de la imposición de la culpa y de la moral del miedo, en busca de lo que Nietzsche calificó como "segunda inocencia". "Sin duda -apunta Jacques Derrida-, hablar de estrategia significa tener en cuenta un "ahora irreductible. Hacerse cargo de la singularidad de este "ahora" no forzosamente quiere decir renunciar a lo que decía de la disyunción, y de lo inactual. Hay un "ahora" de lo inactual, hay una singularidad: la de la disyunción del presente". 


Bulent Diken señala que en las ciudades contemporáneas el sitio de la no ley, lo que propiamente llama estado de excepción, dentro de la ley tiende a transformar el espacio urbano en un espacio biopolítico dislocado en el que las categorías políticas de la modernidad (tales como izquierda/derecha, privado/público, absolutismo/democracia) están entrando en una zona postpolítica de indistinción y por ende disolviéndose. La misma apología de la hibridación y del nomadismo no suele reparar en que el poder mismo se ha vuelto “rizomático”. Acaso el arte contemporáneo pueda ser algo más que el ornamento hiperbólico o la consigna patatera, generando preguntas críticas, ofreciendo otros puntos de vista. De nada serviría que fuera algo “maravilloso” o enigmático, pues todo lo que tiene esas características ingresa, rápidamente, en el olvido, como esa prehistoria neo-bunkerizada. Lo que necesitamos son operaciones metafóricas intensas, tenemos que contar historias que generen sitios. Contemporáneos del colapso del turbo-capitalismo financiero (sabedores de que su toxicidad tenía que ver con la condición “burbujeante” de los modelos urbanizantes que saquean las esperanzas de los ciudadanos), desplazados o abducidos por las dinámicas de gentrificación (empantanados, literalmente, en esa “ciudad revanchista” que describiera Neil Smith), no podemos meramente fantasear por una huida al campo (ese neo-transcendentalismo que es una resaca vergonzante del hipsterismo y sus pretensiones “curatoriales”) ni pretender que sabotearemos el sistema enladrillado desde “zonas temporalmente autónomas” (derrapando, en algunas ocasiones, hacia una patética estetización del “precariado”) cuando hemos sufrido una gran decepción ante la falta de proyecto del populismo indignado. Tenemos que volver a pensar, tomando en cuenta radicalmente la excepcionalidad de lo que nos pasa (asumiendo que el “estado de alarma” es mayor que el que tenemos ahora viralizado), el espacio público, defender lo común y trabajar por una comunidad venidera. Nos va (no exagero) la vida en ello.